Hola , ¿cómo estáis?
Nosotros estamos muy contentos, dado que parece que vamos a conseguir llegar a la meta que nos habíamos marcado. Hoy hemos finalizado las etapas de subida, y cuando hemos llegado a la Continental Division, la cosa ha empezado a ir cuesta abajo, literalmente. Realmente no ha sido una caída libre, pero te permitía rodar tramos sin pedalear, y cuando lo hacías, podías ir en marchas largas, bueno, los platos de estas bicis son 48-38-28...por lo que se puede decir que son unos desarrollos muy largos. También nos ha permitido ponernos de pié en la bici, por lo que el aire pasaba entre el sillín y los pantalones...tras seis días no sabéis lo que se agradece.
Es el puente que se ve en esta fotografía. Tras este puente se llega, al cabo de media milla a otro puente de estructura metálica, el Keystone viaduct, cuya foto ya pondré al final del blog. Tras estos bonitos puentes hemos llegado al punto culminante en lo que a subir se refiere, hemos llegado a la Continenal División, y tú esperas que la banda de música te esté esperando al llegar, al menos una trompeta que anuncie tu llegada, joer, que para ti, una persona que hace dos años pensaba que las bicicletas eran unos hierros que cogían unos tarados y se tiraban en tropel a pasear por los campos elíseos, es la leche haber llegado hasta ahí, y na...na de na...ni un triste puesto de voluntarios que te digan bien tío, te lo has currao. Ni un libro de firmas...un triste túnel para pasar por debajo de una carretera. Eso sí, pintado de colorines y muy majos.
Tras meditar un poco sobre tal hazaña, lo que te ha costado llegar hasta aquí, lo que te duelen las piernas y lo que no son las piernas, solo te cabe decir...pueés va ser que tiramos para abajo y a la primera mesa que encontremos comemos, que son ya las 13:30 y empiezo a tener hambre. Y en esas que bajando hemos atravesado dos túneles, uno el Big Savage Tunnel, de un kilómetro de longitud y otro de unos 300 metros de longitúd, y de ahí la chaqueta, que se me debe de haber caído en alguno de los dos.
Tras la comida hemos llegado a Frostburg, que yo pensaba que era un nombre tipo Gelida o Rascafría o similar, pero no, lo cierto es que la fundo un tal Frost, se llamó Frost Town durante un tiempo y al final cambió de nombre. Al llegar al pié de la ciudad miro hacia arriba y veo un camino en zig zag que asciende unos 60 metros de desnivel hasta llegar a la base de la misma, justo donde teníamos el hotel. A mi mujer casi le da un pasmo, pero no le ha quedado otra que poner plato pequeño, piñón grande y darle al molinete. Pero la cara que ha puesto cuando se ha dado cuenta de que no le estaba tomando el pelo, ha sido de mastercard, no tenía precio!!!
El hotel es para contarlo en otra entrada, porque tiene su tela. Un apunte, nos han servido el desayuno, recién hecho, a las 9 de la noche...si, a las nueve de la noche. Mañana un especial restaurantes y hoteles, que ha dado para mucho.
Por cierto, de la pareja de compañeros...ni rastro. Estarán ya por Toronto.
Un abrazo.


